15/11/13

Inocentes presuntos


Ya parece haber quedado claro que la infanta no es culpable de nada. Lo ha dicho bien claro el fiscal: no se puede imputar a esa chica sólo por conjeturas. La gente tiene que entenderlo.



Parece haber quedado claro también que nadie tuvo la culpa del problemita aquel del prestige. Hubo chapapote, eso sí, pero como han dicho algunos ingeniosos tertulianos, no hay que alarmarse por una cuestión de percebes bronceados. Habiendo tantos problemas en el mundo no es cuestión de perder mucho tiempo en asuntos banales como este de los hilillos de plastilina.



De este tema ya habló hace algún tiempo quevedo. Ahora que algunos insisten en regular el cumplimiento íntegro de las penas o la cadena perpetua revisable, otros, menos ambiciosos, nos conformaríamos con que un pequeño porcentaje de los delincuentes con visa oro cumplieran siquiera la mitad de las penas que hipotéticamente se les podrían imponer. Y ya ese objetivo se me antoja complicado.



Es raro, es insólito, es difícil, ver entrar a estos señores en la cárcel. Por lo visto, los jueces que les tocan suelen ser más condescendientes, más comprensivos, más estudiosos que los que le tocan al ciudadano común.



Pero si alguno de ellos, por una casualidad del destino, entra por la puerta de la prisión, raro es que permanezca en tan noble institución más de unos meses. Los abogados buenos siempre saben encontrar argumentos buenos que son aceptados más pronto que tarde. En el peor de los casos, cómo va a negar el gobierno un indulto en condiciones a ese amigo que cometió el pecadillo de desfalcar algunas decenas o centenas de millones usando su cargo como pretexto, arma y argumento.



Las cosas esas que pasan en la audiencia nacional o en el supremo nos pillan lejos. Las vemos en la tele y nos hacemos una idea, pero no es lo mismo que cuando se habla de algo más cercano. Al oír la sentencia del prestige me ha venido a la memoria aquella otra que se promulgó el día de la mujer trabajadora del año 2012 después de cristo. El fallo decía textualmente:

Debo ABSOLVER y ABSUELVO libremente a Eulogio, Héctor, Julián, Maximiliano, Rafael, Simón, Jose Enrique, Juan Luis, Alejandro, Rosa y Carmelo de cada uno de los delitos de homicidio imprudente, lesiones imprudentes y contra la seguridad y salud en el trabajo de los que en las presentes actuaciones han venido siendo acusados.



Con esta frase tan simple, después de cuarenta y nueve folios de antecedentes y disquisiciones, el magistrado sergio romero cobo, del juzgado de lo penal número uno de motril, decidió que nadie era culpable, que las personas que cayeron de lo alto de una autovía que se estaba construyendo desde granada hasta málaga en el tramo denominado taramay la herradura murieron por fatal accidente, y que los hierros y personas que acabaron en el suelo de torrecuevas estaban allí de forma irregular a pesar de que todo se hizo bien, o, al menos, de que no se pudo acreditar quién hizo algo mal o qué cosa se hizo mal. Mala suerte.



Ha querido la casualidad, supongo, que ese magistrado haya sido el encargado de dictar sentencia en dos causas penales en las que estaba imputado el anterior arquitecto de este ayuntamiento. El señor magistrado, honorable cobo, también había decidido unos meses antes, el nueve de diciembre de 2011, que el señor passolas, el señor benavides, y otros, eran inocentes de todas las tropelías cometidas año tras año en el colegio inglés porque, a pesar de ser evidentes las irregularidades, no pudo haber delito ya que, ojo al dato, el plan de urbanismo de esta hermosa ciudad no había sido publicado íntegramente en el boja. Se había publicado, claro, pero no todas las tropecientas hojas y planos de los cinco o seis tomos que tiene.



Y el mismo argumento se volvió a utilizar por este mismo magistrado el uno de septiembre del año del señor de 2013. No hay posibilidad de condenar al señor passolas, arquitecto municipal, por incumplir el plan de urbanismo que él había redactado, ya que ese plan estaba publicado, pero no en su integridad, cuando se concedió la licencia. Por lo tanto, no era exigible su cumplimiento.



Cuando uno lee sentencias así se queda sin palabras. Y eso me ha pasado a mí. Así que, colorín colorao, este cuento se ha acabao.

Salud

2 comentarios:

  1. Pues mira por dónde que el fiscal de Mallorca está empeñado que no imputen a la infanta, hay jueces, fiscales y abogados para todos los gustos. La justicia es un tanto extraña y poco justa.

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  2. Que alguien cite alguna sentencia del juez cobo, que meta en cintura al malhechor, ya que la del accidente del coche y la motocicleta con la joven invalida y la absolucion del conductor huido y lo del tiempo en juzgar me llego al alma. Y como ultimamente me toco la "jueza de los perfumes", alguien me deberia reavivar la "fe en la justicia".

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